Resultado de imagen de los modlin paco gómez fracaso booksEn mi mar de la tranquilidad avisto tres rocas. En una pinta una mujer. En otra un hombre posa vestido de algas. En la tercera un adolescente tañe una caracola.

Los Modlin parece el nombre de una familia creada por Muchachada Nui. Los Modlin y sus tribulaciones. Pero no lo son. Aunque sí hay tribulaciones, como en todas las familias.

Un noche de 2003, el fotógrafo Paco Gómez encuentra un tesoro entre la basura de una calle de Malasaña: un conjunto de fotografías que miradas con atención dejan ver la repetición de tres personas, una mujer, un hombre y un joven. El hallazgo reposa un tiempo y el azar hace que paulatinamente el autor vaya tejiendo su historia. Resulta ser una familia americana, los Modlin, que vivieron en Madrid desde finales de los 60 hasta su muerte, entre finales de los 90 y principios del actual milenio: Margaret, una pintora próxima al surrealismo, “la mejor pintora del Apocalipsis de todos los tiempos”, su marido Elmer, escritor y actor secundario, y el hijo de ambos Nelson, modelo, doblador y empresario.

En su libro, Paco Gómez nos cuenta los resultados de la investigación que llevó a cabo desde el descubrimiento de las fotografías hasta la publicación de este libro, los testimonios y documentos que aquí y allá le fueron ayudando a conformar la historia de esta familia que le subyugó y que se hizo un hueco en su vida a lo largo de varios años.

Lo que más me gustó no fue la historia de la familia (verdaderamente, “una” historia de la familia Modlin, la que crea Paco Gómez a partir de los diferentes datos, ¿la verdadera? Posiblemente no, eso no me importa), sino la historia de una búsqueda, de una obsesión, la historia de cómo un hecho de nuestra vida puede ser anodino o trascendental dependiendo de cómo queramos mirarlo o más bien de cómo estemos dispuestos a tratarlo. También la historia de la necesidad de cortar, de poner un fin a las historias y de la dificultad de hacerlo, porque el fin es arbitrario y personal.

Las fotografías son maravillosas. En un momento de la obra, el autor habla sobre la belleza de las fotografías cotidianas, no artísticas, las fotografías de documentos, las que se hacen solo para dejar constancia de algo. Me hizo pensar en eso. Curiosamente, el libro que había leído antes que este estaba protagonizado por un fotógrafo y en él se narraban los montajes de tres obras fotográficas (Tabú, Ferdinand von Schirach). Me resultó interesante contrastar ambos procesos y me resultaron cautivadores los dos.

En una parte de la obra, el autor da cuenta de uno de sus innumerables hallazgos y comenta: “Era un acto inútil, pero me llenaba de alegría”. Qué sencillez tan bonita y tan honesta. En estos tiempos en los que lo útil y lo práctico nos abruman, ¿nuestras vidas no están acaso dotadas de sentido por lo aparentemente inútil?