Mi mar de la tranquilidad sigue en su sitio, aunque me ha costado llegar a él. Han pasado siete años desde mi última navegación y la vista atrás del conjunto de esos años sobre todo me genera sorpresa. Sorpresa de que no me hayan salido aletas o bránqueas, de que no haya sido capaz de respirar debajo del agua o de que sí me haya convertido en sirena y no me haya dado cuenta.

El caso es que aquí estoy. En el mismo sitio. O no.

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