De improviso, sobre mi mar de la tranquilidad pasó un cometa al que contemplé fascinada en su fugacidad.

Las batallas en el desierto (1981), del mexicano José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009, es una novela breve (brevísima, 77 páginas). Carlos rememora su infancia en un barrio venido a menos de DF y el momento en que se enamoró de la madre de su mejor amigo Jim, hecho que provocaría una concatenación de exageraciones e incongruencias en su entorno ante el desconcierto y la incomprensión del protagonista.

Pero esta novelita es muchísimo más, cuánto más. Toda la crónica de una época y de un país, el México de los años 40. El mundo recién salido de la Segunda Guerra Mundial, las luchas ideológicas, la corrupción de la clase política, los bandos enfrentados, el mundo conocido que se deshace y que cambia velozmente, el progreso deshumanizado, el imperialismo estadounidense, las normas sociales y religiosas asfixiantes, el machismo, la lucha de clases, el crecimiento y el aprendizaje, la intolerancia, el descubrimiento, el conocimiento de uno mismo…Las batallas en el desierto es de esos libros que te ofrece un universo entero en tan sólo unas páginas. Tanto y tan bien y en tan poco.

Y está, además, el estilo y el léxico. Libro que rueda en tus manos, sencillo. Y en esa sencillez, lo mismo que en su temática, diversidad en las modalizaciones narrativas. La enumeración como recurso en los primeros capítulos; un, dos, tres y ahí tienes una imagen completa y exhaustiva de ese presente inestable. Y los extranjerismos que te hacen palpar ese cambio del que el protagonista es testigo.

La obra se abre con una cita de L. P. Hartley: “The past is a foreign country. They do things differently there” (algo así como “El pasado es un país extranjero. Allí se comportan de manera diferente”). Esta cita es el libro, qué elección más certera.