A veces permito nadar en mi mar de la tranquilidad a elementos extraños, peces raros. Es lo que me ocurrió con Mi pequeño (Mon fiston, 2006), del belga Olivier Schrauwen.

Mi pequeño…o cómo caer como una pardilla ante un vendedor hábil y guapo.

Mi pequeño está formado por varias historias breves que giran en torno a la paternidad, desde el nacimiento del hijo hasta su crecimiento, pasando por sus primeras palabras y otras anécdotas sucedidas en diferentes lugares de la ciudad. Y esta pequeña descripción es lo más coherente que podemos encontrar en la obra, pues se trata de una pieza surrealista. Nada por tanto de realismo, de paternidad responsable ni de niños adorables estilo Anne Geddes. Para nada.

Tengo una amiga a la que le fastidia que el adjetivo surrealista se aplique indiscriminadamente a todo aquello que sólo es raro, estrafalario o incomprensible. Esta obra es surrealista. Y claro, el surrealismo no es fácil de digerir, creo que es necesario tener la mente muy abierta. Esta es una obra incómoda y cruel, con fogonazos geniales, de enredos oníricos y absurdos. ¿Me gustó? Pues…sí, en el fondo sí me gustó. Me pareció incómoda, genial y absurda.

Es una obra que me hizo plantearme lo poco acostumbrada que estoy a este tipo de lectura y lo difícil que me resulta leerla y aceptarla. Porque la leo con rechazo, intentando cambiarla, intentando buscar coherencia porque es a lo que estoy hecha. Me descubro riéndome con los chistes fáciles que son los que mejor comprendo, pero que no son en absoluto lo mejor de la obra; procurando descubrir un final que dé la vuelta a todo lo leído y que me permita seguir viviendo en un mundo comprensible y normal.

Parece que no tengo esa mente abierta que estas obras necesitan, no es una sorpresa, pero siempre me entristece un poco corroborarlo.