Mi mar de la tranquilidad es calmo, sólo La ola (2008), de Suzy Lee pudo agitarlo ligeramente. Una agitación suave y plácida.

Creo que nuestra mirada a lugares y cosas y nuestro disfrute de ellos dependen en gran medida del momento en que los vivamos y de la persona con la que los compartamos.  Con este pensamiento no creo estar descubriendo la pólvora. Así, una ciudad puede parecerme hermosa sólo porque la conocí con alguien que me la mostró con cariño, que me descubrió sus recovecos, que me llevó por lugares inusitados; es más, esa ciudad puede parecerme hermosa sólo porque esa persona es hermosa para mí. De igual manera sucede con los libros. ¿Qué hay mejor que una buena recomendación de lectura? Ese libro pensado en ti, que además de entusiasmarte puedes relacionar con alguien en concreto. Todo esto para decir que La ola me la enseñaron unos amigos.

La ola es un cuento sin palabras, sólo ilustración. Una niña y unas gaviotas. El mar y una ola. El juego inocente entre la niña y la ola. Y es tan real la actitud de la niña…En este momento que observo, como una científica, el crecimiento de dos niños, puedo decir que es tan real la actitud de la niña…El descubrimiento, el acercamiento a lo desconocido, el temor, el deseo de tocar, la temeridad, la sorpresa, la risa, la humanización de las cosas, la sencillez y grandiosidad de la naturaleza, la independencia progresiva, la seguridad de la madre.

Todo. Y sin palabras.